Michaelangelo Barnez

¿LAS BOMBAS NUCLEARES… ESTÁN DE ADORNO?

In Ficción, Libro, Novela on 2 de octubre de 2012 at 3:27

Hora  : 6 a.m.

Lugar: La Casa Blanca, Washington DC.

El General Especialista en asuntos militares del Medio Este, el general Kaolín Rowel y el Presidente estaban en la oficina Oval. La reunión tenía un carácter informativo y a la vez resolutivo ya que se trataría acerca del plan militar de las fuerzas americanas ante una guerra inminente.

El especialista en asuntos militares en el Medio Este hizo un preámbulo de presentación a las palabras del General Rowel. Luego éste, en forma breve y esquemática, planteó las características geopolíticas del área. Basado teóricamente en la “política del dominó” sostuvo que el factor religioso, el Fundamentalismo Islámico, se había convertido en la fuerza moral y política del extremismo, y que por tal razón ese era el eje que unía a la mayoría de los países desde el norte de África como Argelia, Libia y otros, hasta el norte y oeste de la India, como Pakistán y Afganistán, y que el Medio Este sería el escenario central de la crisis. De manera que el conflicto no se circunscribía a Israel y sus fronteras, sino que ésta podría ser sólo la chispa que prenda el fuego en toda la región. Afirmó también acerca del peligro que en la inminente guerra pueda llegarse al extremo de usar armas nucleares. Citó a Israel, Irán, Pakistán e India, como poseedores de dicho arsenal y puntualizó que el alcance balístico de sus misiles era relativamente inofensivo para la seguridad continental de América debido a su corto alcance, pero lo suficientemente dañino como para barrer al género humano en la zona de conflicto, con el consecuente daño ecológico de contaminación al mundo entero; e hizo un severo comentario acerca de la crueldad de los lideres de esos pueblo ya que ellos no dudarían en usar sus armas de destrucción masiva. Luego, remarcó además que la India, país poseedor de armas nucleares, no se mantendría neutral viendo cómo el Fundamentalismo fanático trataba de imponerse al norte y oeste de su frontera, y por lo tanto se vería obligado a intervenir. Finalmente remarcó que los Estados Unidos estaban directa y absolutamente comprometidos en cualquier conflicto bélico en las actuales circunstancias, y de que su participación en la inminente guerra debería ser rápida, masiva y contundente. Como asesor militar, dijo, que se había permitido emplear afirmaciones de carácter político pero que éstas habían sido necesarias para sostener la propuesta militar, y en todo caso, sería el Presidente, como Comandante General del Comando Conjunto del Ejército Americano, a quien le correspondía hacer las argumentaciones y modificaciones del plan operativo del Pentágono que él estaba listo a explicar.

El Presidente había escuchado con mucha atención la breve argumentación del asesor militar y cuando éste terminó no hizo ningún comentario al respecto, siguiendo una norma de conducta general de quienes se han sentado en el sillón principal de la oficina oval. Las opciones del Presidente ante un plan de acción militar eran tres; y estos eran, aceptarla, hacerle algunas modificaciones o vetarla. Por lo general los planes elaborados por el Pentágono, en toda su historia, han tenido un carácter genocida que en muchos casos había sido suavizado por la sensibilidad y tino político del Presidente de turno y sus asesores, pero en otros, aplaudidos y aplicados con toda la energía paranoica del guerrerista presidencial de turno. Ésta vez, ante una guerra inminente, el Presidente no podría vetar el único plan en donde se protegía la seguridad americana y sus intereses internacionales, ni tampoco crear una de su propia inspiración, así que le quedaba  sólo la vía política y diplomática para impedir la guerra o atenuarla pero sin caer en el vacío de la imprevisión ya que el Pentágono, siguiendo el libro de procedimientos, tenía al Ejército en constante alerta y listos para entrar en combate en cualquier lugar del mundo con todas sus armas de destrucción masiva, capaces de destruir a todo el género humano y compañía del planeta; quedando la palabra presidencial reservada para las decisiones definitivas basadas en aspectos políticos.

El Presidente miró al general Rowel como permitiéndole proseguir y presentar el plan militar preparado por el Pentágono.

Entonces, éste empezó diciéndole:

“Señor  Presidente el plan operativo que hemos elaborado ha sido llamado ‘Operación Sombrilla’ porque está diseñado para brindar una cobertura de protección a Israel, usando nuestros misiles ‘Patriot’, igual a los que usamos en la guerra del Golfo Pérsico el 91, además, en ésta cobertura protectora serán usados nuestros satélites que estarán continuamente observando el área…”

El general Rowel hablaba mientras mostraba diferentes puntos en un gran mapa del Medio Este y sus zonas aledañas. Sobre éste mapa se podía observar diversas naves de guerra en miniatura y autoadhesivas que estaban ubicadas en donde se mostraba el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo; estas representaban a las flotas de la marina de guerra americana.

“Éste es un plan defensivo… – siguió explicando el General-… Y si es necesario, la naval bombardeará a las líneas enemigas con misiles ‘Tomahawk’ de mediano alcance… – y el General describió los detalles de dicha operación, para terminar diciendo-… éste plan no expondrá la vida de ningún soldado americano a un combate directo, por lo tanto ninguno estará en riesgo de perder la vida, más allá de las circunstancias naturales”

“Eso me gusta General, eso me gusta, pero ¿qué sucedería si el conflicto empieza a empeorar?”, preguntó el Presidente.

“Bien, entonces nosotros pasaríamos del plan defensivo a otro, de ofensiva, ya previsto, llamado la ‘Operación Rodillo’, que desde nuestras posiciones previas, y debido a su versatilidad, empezaríamos a destruir los lugares estratégicos de nuestros enemigos, usando nuestra artillería naval y misiles de largo alcance, también los aviones bombarderos B-52 y Stealth, protegiéndolos con los aviones cazas F-16, F-18 y  F-22…”, el general hizo una pausa para cambiar en el mapa la posición de las naves de miniatura que representaban ahora una operación agresiva, y luego agregó: “Señor Presidente, si nosotros llegamos a ese nivel de la guerra, vamos a estar forzados a ocupar y retener la zona por un tiempo indeterminado…”

“Hasta que las Naciones Unidas se hagan cargo”, dijo el Presidente.

“Sí señor Presidente, pero esa será su decisión, en ese caso trasladaremos 500 mil soldados desde nuestras bases de España, Italia, Grecia y Turquía, a la zona del conflicto, además de los otros 500 mil que ya están en camino al área…”, y el general se permitió hacer un comentario que le permitiría abordar un aspecto del plan que consideraba muy delicado, basado en la fría fórmula matemática que el Pentágono tenía en consideración en todas sus aventuras militares, por lo que dijo: “Ésta va a ser una guerra muy rápida y… devastadora señor”.

El Presidente guardó unos segundos de silencio, y luego le preguntó al general, sin mirarlo directamente: “¿Han calculado ustedes ya, cuál será el costo humano de ésta guerra?”

“A éste nivel, sí señor. ¡No más de mil vidas de soldados americanos!”.

El presidente pestañeó nerviosamente al oír la elevada cifra de sus conciudadanos considerados ya muertos antes de empezar cualquier acción militar, y luego preguntó: “¿Y qué acerca de nuestros enemigos?”

“No menos de un millón, señor”, afirmó el general.

“¡Oh Dios mío!… -exclamó el Presidente asombrado por la magnitud de muertes que de una manera u otra pesarían en su conciencia, y preguntó-… ¿Por qué, por qué tantos?”

“Para evitar una mayor pérdida de vidas de nuestros soldados… -y el general empezó a dar la consabida excusa de los genocida del pentágono-… hemos considerado necesario, destruir las principales ciudades de Irak, Irán, Libia, El Líbano, Afganistán y Pakistán, antes de empezar la invasión, de tal manera de que queden desarticulados política y militarmente, para lograr eso arrojaremos pequeñas bombas nucleares de efectos controlados en lugares estratégicos ya determinados por nuestro Servicio de Inteligencia…”

“¿Bombas nucleares?”, le interrumpió preguntándole abruptamente el Presidente.

“Sí señor, de 50 a 100 kilotones de carga, cuyo efecto instantáneo es devastador pero cuyos efectos secundarios o posteriores pueden ser controlados fácilmente. Además, como le dije, es la única manera de reducir la pérdida de vidas de nuestros soldados. Pero usted señor, es el único que puede tomar esa decisión”

“¡Oh Dios!” dijo el Presidente parpadeando nerviosamente, afectado por la responsabilidad que tenía en sus manos. Jamás pensó necesario llegar a tal punto; de joven había participado en la protesta en contra de la guerra de Vietnam y marchado codo a codo con estudiantes negros en contra del racismo, rompiendo puertas a puntapiés de clubes segregacionistas;  por años había hablado de la democracia, la libertad, los derechos humanos y en contra de toda discriminación; y sólo unos años atrás, al principio de su administración, había estrechado las manos de Yitzack Rabín y Yasser Arafat en la firma del tratado de paz entre israelíes y palestinos. Y pensó que así pasaría a la posteridad. Pero ahora se sintió atrapado, terriblemente atrapado, aunque, asumiendo su responsabilidad neoliberal de un estado gendarme del mundo, aprobó el plan del Pentágono diciendo: “¡Por Dios, espero que ellos no empiecen ésta guerra!”

“¡Sí señor, es mejor que ellos no lo hagan, de otra manera nosotros estamos listos para aplanarlos!”, exclamó orgulloso el general especialista en asuntos del Medio Este, por la aprobación presidencial, ya que éste era uno de los gestores.

“Además señor… -intervino el general Rowel-… quiero informarle que ya hemos embarcado cientos de misiles ‘Patriot’ a Israel como parte de la ‘Operación Sombrilla’ y las flotas del Mediterráneo y el Mar Rojo están en máxima alerta!”

“¡Bien hecho General, bien hecho!”

La reunión continuó por sólo unos minutos más para dar los últimos arreglos a la “Operación Sombrilla”, que era básicamente una mascarilla de plan defensivo con una gran versatilidad a ser transformada, en lo que realmente proyectaban hacer las águilas rapiñas del imperialismo norteamericano, en una poderosa operación de ofensiva estratégica de indudable carácter genocida… Continua…

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¿Jake Mate a los Estados Unidos?

In Ficción, Libro, Novela, Sin categoría on 8 de septiembre de 2012 at 0:41

Hora  : 06:00 a.m.         Medianoche              09:00 p.m.

Lugar: En Londres        En Washington      En Los Ángeles.

 

En Londres estaba amaneciendo cuando el presidente del los Estados Unidos y el “Jihad” estaban hablando en América. Toda Europa observaba, en directo, el diálogo en el mismo instante que ocurría, como la gran noticia del momento que decía: “Los Ángeles, una de las principales ciudades de América, está bajo la amenaza de una explosión nuclear, porque los del ‘Jihad’ habían hecho un movimiento en el ajedrez del juego geopolítico.”

Un movimiento planeado y deseado durante muchos años, por extremistas que adiaban a América a muerte, y que era el motivo de su existir, habían dicho a la nación más poderosa del mundo: ‘Jaque mate’; a la vez que lanzaban el ataque más feroz de la historia del Medio Este en contra de Israel.

La población del mundo entero, que no estaba involucrada en el problema directamente, condenaba aquel acto terrorista y también la guerra del Medio Este. Pero al lado de estos, había otras personas a quienes no les interesaban mucho el problema, o al menos lo veían desde otro punto de vista.

Estos hombres no tenían como base moral de conducta la preocupación por el bien común, y por lo tanto, carecían de los elementales sentimientos de compasión. Estos solían ver el problema social o económico desde otra perspectiva. Si algún desastre natural, como un terremoto, inundación, sequía u otros ocurría en algún lugar del mundo, o inclusive desastres sociales como las crisis económicas o políticas, guerras o, como en éste caso, ataques terroristas, ellos sabían al instante que afectaría al mercado, a sus precios e intercambio… es decir al dinero. Esto era todo lo que le interesaba a ellos. ¿Cuál sería el próximo movimiento económico en el mercado?… Depósitos, bonos, reservas, certificado de valor, el precio de petróleo, acciones, el dólar ¿subirán o bajaran? ¿Vender o comprar?… Esos eran sus dilemas… El Mercado.

El día anterior, como consecuencia del establecimiento del comunismo en Rusia, los Estados Unidos habían perdido, o por lo menos no recibirían ningún pago por un largo período, los intereses o el capital prestado a éste país. Claro que el Fondo Monetario Internacional (FMI) intervendría para exprimirlo o excluirlo del mercado global, si no pagaban, pero eso tomaría tiempo. Y ese solo hecho se reflejó instantáneamente en todo el mercado internacional. En ese momento el “Down Jones” había mostrado una caída dramática de 460 puntos y habían anunciado la pérdida del 10% del valor real del dólar. El oro, el yen japonés y el marco alemán automáticamente subieron su valor debido a la demanda en la bolsa financiera.

Pero ahora, los hechos consumados de la amenaza terrorista en Los Ángeles y la guerra del Medio Este, significaban para los americanos aún más problemas económicos. Israel tenía billones de dólares en deuda externa al estado americano como préstamos directos, y otros asegurados en varios bancos de dicho país, además de representar geopolíticamente a los americanos en la región. Por lo que si Israel caía, esto se reflejaría como un desastre político-económico para ellos. Perdiendo no sólo el dinero prestado o invertido allí, sino además el control estratégico del área y, en consecuencia, de la fuente energética más importante del mundo industrial moderno: El Petróleo. Todo esto se reflejaría directamente en el mercado de cambio y por lo tanto en el valor del santo dólar.

Pérdida de valor del dólar que Japón y Alemania no estaban dispuestos a respaldar por más tiempo. En realidad, para ellos, les era más fácil y barato dejarlo caer libremente. Y ésta era la oportunidad que Europa había estado esperando desde que, tímidamente pero de manera segura, habían creado un nuevo sistema monetario, el Euro, unido sus presupuestos y creado un Banco de Reserva mancomunado para la Unión Europea. Para la mayoría de los integrantes del club G-8 el momento de esa oportunidad había  llegado. Claro que la decisión no era a base de simpatías personales sino sólo cuestiones de negocios, como siempre solían decir.

Además, todos tenían el conocimiento real, de acuerdo con el nuevo orden económico mundial al que entrarían, que los Estados Unidos de Norteamérica ya no podía ser el líder de éste. Ni siquiera en términos militares, a pesar del enorme arsenal nuclear que poseía, ya que un puñado de fanáticos terroristas del fundamentalismo Islámico había movido una pieza estratégica del ajedrez geopolítico, planteando el asfixiante: ¡Jaque!, ¿Mate?

Aunque aún cabía la demencial posibilidad que los ‘halcones’ del pentágono y los mercaderes americanos, a través de la guerra, la utilizaran para mantener su hegemonía mundial, pero aún así necesitarían algún consenso internacional que los respaldara. La cuestión para las otras naciones era ahora cómo lo neutralizarían.

Las carreteras electrónicas de Internet estuvieron más ocupadas que nunca. Las puertas físicas del mercado de intercambio en Europa no abrían aún, pero miles de transacciones financieras y comerciales estaban ya ocurriendo, y sólo transcurrieron pocos minutos para que ésta se transformara en el tan temido ‘pánico financiero’. De hecho nadie quería poseer el dólar y era obvio que su caída era total e imparable. Todos los bancos internacionales, desde Europa a Asia, retiraron sus depósitos de los bancos americanos, librándose además de las acciones y bonos de estos. Por primera vez en la historia económica moderna, el dólar apestaba, y había que librarse de él lo más antes posible.

Y en consecuencia al vertiginoso movimiento económico, un nuevo sistema monetario internacional debía reemplazar al ‘dólar patrón’.

Momentáneamente fueron el marco alemán y el yen japonés, quienes soportaron la avalancha cambiaria en el mercado mundial, para luego, sin previo acuerdo y de manera vertiginosa se adoptara al “Euro” como patrón internacional de cambio. Los tigres del Asia y los zorros del viejo mundo estuvieron de acuerdo, y dejaron caer al dólar americano en el lúgubre agujero sin fondo de la crisis.

Las rápidas maniobras financieras de los mercados Europeo y Asiático habían sido simples. Ellos hicieron una equitativa conversión entre el marco y el yen contra el dólar americano basados en el valor que poseía en diciembre 26, previa a la crisis, y lo depositaron como un bono certificado en sus bancos de reserva imponiéndolos al interés establecido por el mercado cambiario. El día que los americanos quieran hacer negocios con ellos, entonces tendrían que comprar sus propios dólares en la forma del nuevo certificado y recibir sus propios dólares como forma de pago.

Sólo las grandes empresas transnacionales y los bancos de reserva del primer mundo, y por lo tanto sus asociados, sin capitales norteamericanos, pudieron soportar la terrible caída del dólar y sobrevivir al fantasma de la bancarrota. Aunque la demanda del oro aumentó en el sentido inverso a la caída del dólar, no todos tenían acceso a éste. Muchos negocios y gobiernos alrededor del mundo que tenían sus depósitos y reservas en dólares, no pudieron resistir el impacto económico y se arruinaron ahogándose en un mar de billetes y bonos inservibles. Por lo que, cuando los grandes bancos impusieron sus nuevas condiciones a los americanos no lo hicieron como enemigos de éste sino como un movimiento elemental para su supervivencia. Pero ¿Cómo podría el club del G-7 someter a los americanos, la única súper potencia del mundo que había mostrado repetidamente su poderío económico y militar? ¿Cómo?… ¡Así!:

“¡Señor Presidente!…”, su secretaria personal susurró al oído. El Presidente estaba sentado en su sillón presidencial de la oficina oval dormitando. Habían sido sólo cinco minutos de un involuntario descanso, él había estado pensando en lo insólito de cómo una situación nacional e internacional podía cambiar tan dramáticamente en sólo pocas horas, cuando fue vencido por el cansancio, pero no por mucho tiempo, porque el llamado de su secretaria lo despertó.

“¡Señor tiene una llamada desde Francia, es el representante de la OTAN!”.

El Presidente recibió la llamada y el mensaje de ésta autoridad fue entregado. Fue corto y simple: “Los países Europeos que conformaban la OTAN habían firmado un acuerdo bilateral de amistad y no-agresión con Rusia”. Esto, aunque no tenía la firma de los EE.UU., significaba que los países restantes de la OTAN eran neutrales ante cualquier conflicto entre los rusos y americanos. Además, ellos fueron intencionalmente humillantes cuando le recomendaron, de manera clara y precisa, no usar el territorio ni el espacio Europeo para lanzar ningún ataque en contra de Rusia…

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El argumento de la novela surge de la palpitante actualidad, de las tragedias que vivimos todos los días, en la cual su frondosa imaginación le da un curso novelesco. No es una obra fantasiosa ni futurista, sino dramáticamente verosímil y actual; y aunque los personajes tienen nombre propio, estos son desnudados y mostrados transparentemente no sólo en acciones sino en sus motivos e intereses. La novela presenta la secuencia casi fílmica de lo que sucede actualmente, la que  termina en escenas que ojala jamás sucedan, aunque los acontecimientos actuales nos están demostrando, en luctuosos hechos de amenazas y agresiones, que todo puede suceder.

America para los Americanos

In Ficción, Libro, Novela on 27 de agosto de 2012 at 16:41

“¡Ya lo dijimos, somos el ‘Ejército Confederado Patriótico’, quienes estamos peleando en contra de la conspiración Judío-Comunista, que administra nuestro país y quiere traer el Nuevo Orden Mundial!”, dijo a gritos el furioso ‘Capitán’, perdiendo el control de sí. Realmente, la única restricción que él tenía en su demencial conducta, era que la entrevista estaba siendo transmitida en vivo y en directo a los hogares americanos. De no ser así, ya les hubiera disparado a todos ellos. Pero Bruce tenía un trabajo que hacer y debía proseguir con la entrevista, para eso habían tomado por asalto el edificio federal.

“¿Y qué infiernos tienen que hacer los mil rehenes con tu guerra?”, disparó su pregunta otro reportero, sin ningún respeto ni miedo por Bruce.

“¡Cállense carajo!… -grito Bruce, sintiendo que una ola de calor invadía su rostro-… ustedes van a tener toda la información que quieran, pero en orden. El orden es muy importante. Es lo más importante para nosotros… -Bruce se había parado nuevamente asumiendo una actitud amenazante hacia los periodistas, aunque estos tampoco querían frustrar la entrevista.

“Por favor ‘Capitán’ continúe ¡Usted está en el aire!” Una linda y rubia reportera intervino.

“Como dije, les vamos a dar a todos ustedes un manifiesto por escrito, acerca de nuestra organización, el ECP, y para la audiencia voy a leer un pequeño pronunciamiento, de esa manera todos conocerán a nuestra organización y los motivos por la cual estamos luchando. Luego, responderé a todas sus preguntas. ¿Entendido?”

Uno de los Skinheads ya había empezado a repartir unas hojas de papel en donde estaba escrito el manifiesto. En realidad era la tan conocida “La Enmienda Cero” a la Constitución Americana, propuesta por las organizaciones racistas de América. Con la que se pretendía quitar legalmente la nacionalidad americana a las minorías étnicas del país. Y que tenía su equivalente en la tesis: “América Para los Americanos”, de la ultraderecha conservadora. El panfleto llegó a manos de los reporteros, mientras Bruce empezaba a leer el breve pronunciamiento.

“El Ejército Confederado Patriótico… –reempezó diciendo Bruce orgullosamente, feliz de estar en medio de un completo silencio de la prensa, debido a que estos se había entretenido en dar una rápida ojeada al papel escrito-… si ustedes no lo sabían, ésta existe desde hace mucho tiempo y está profundamente ligado a la historia de América. El ECP nació en el fondo del corazón del verdadero y único pueblo americano en 1867 durante la guerra civil, y podemos afirmar que el Ku-Klux-Klan ha sido la cálida cuna de nuestro nacimiento!” Bruce se había transformado. Ahora su rostro mostraba una expresión cándida, adornada por una sonrisa angelical, y que además, con voz celestial leía el pronunciamiento como iluminado por Dios. Pero como los periodistas, por lo general, poseen un espíritu irreverente y no creen en patrañas, lo interrumpieron y le dispararon otra pregunta.

“Discúlpeme señor… Si ya tenemos su manifiesto ¿por qué no nos da también sus notas del pronunciamiento para que podamos publicarlas luego? Porque ahora, que millones de televidentes de América y el mundo lo están observando, ellos esperan más de usted. Soy reportero de la CNN y puedo decirle que la gente quiere verlo hablando directamente en vez de leyendo un papel, por lo tanto: ¿Por qué no responde a nuestras preguntas?”

El ‘Capitán’ Bruce cayó en una laguna mental por unos segundos, ahogado en dudas. Las palabras del reportero al decir, ‘Millones de televidentes de América lo están observando’, se habían dibujado en su mente, y fue creciendo hasta bloquearlo totalmente. Pero la prensa no esperó, y le soltó otra pregunta.

“¿Porqué han asaltado éste edificio federal?”

“Para llamar la atención del pueblo americano… Para decirles a los verdaderos americanos que estamos en guerra en contra de los agentes del Nuevo Orden Mundial…” Contestó Bruce espontáneamente, dejándose manipular por los reporteros.

“¿Acaso no podían pagar un anuncio en la TV o en los periódicos? ¿O repartir sus manifiestos en las calles? ¿Para qué ha sido necesario toda ésta violencia? ¿Por qué han tenido que matar a esas nueve inocentes víctimas?”

“¡Se… se… ño… ño… señores!”, dijo el ‘Capitán’ Bruce tartamudeando como un estúpido. En realidad no sabía qué decir. La prensa lo había sacado de su orden mental, o mejor dicho, de su natural desorden mental.

“Señores…” Volvió a decir con la misma estúpida actitud, pero la prensa, sin compasión, le disparó otra pregunta:

“¿Son ustedes racistas?”

“Sí… No… Es decir…”, se contradijo en sólo un segundo. Mike, quien debía estar allí en vez de Bruce, había recibido órdenes de no ser muy explícito acerca de ese tema en la entrevista, pero el ‘cabeza de nalga’ de Bruce había cambiado todo, y sin darse cuenta estaba, prácticamente, ‘defecando’ al frente de la TV mundial; y siguió diciendo: “Nosotros creemos en la supremacía blanca, en base de la ciencia y la palabra de Dios. Nosotros no despreciamos a las otras razas pero somos conscientes de que Dios le dio al hombre blanco mejores cualidades físicas, morales e intelectuales… -Bruce se sintió nuevamente seguro caminando por su luminoso sendero del fanatismo racial. Ahora él hacía funcionar el disco duro programado en su cerebro para repetir su fanática letanía-… Es algo que científicamente ha sido comprobado. Nosotros somos los hijos de Dios y tenemos su propia imagen y semejanza ¿me entienden ustedes?… –y repitió para enfatizar-… somos su pueblo elegido. ¡Su propia imagen y semejanza!- Bruce ahora se sentía seguro, relajado, imbatible.

“¡Señor!… -le dijo tímidamente un joven reportero con la típica apariencia informal de un surfista, como avergonzado de haberlo interrumpido y de las palabras que iba a decir, pero haciendo un gran esfuerzo continuó-… yo no soy el reportero titular de mi periódico, sólo soy un aprendiz y estoy aquí porque mi jefe no pudo venir”, y el joven periodista guardó silencio como incitando al ‘Capitán’ a hablar… Y el burro habló.

“¿Así? ¿Y por qué?”, preguntó Bruce de una manera muy amable.

“Porque él es negro y usted prohibió su entrada a ésta entrevista. Eso es racismo ¿no es cierto?”

Una nube roja encegueció los ojos de Bruce por unos segundos. Éste había caído nuevamente, ante la ingenua trampa del periodista novato, basado en la apariencia por ser rubio, de ojos azules y sonrisa fácil.

“¡Señor ‘Capitán’!”, le habló nuevamente la atractiva rubia de ojos azules, la misma que en un principio le había interrumpido, y le preguntó: “¿Y una mujer como yo podría ser parte de su organización?”. Su voz era suave y sensual y Bruce sintió como si hubiera sido rescatando de un mar lleno de tiburones. Por lo que contestó gentilmente:

“¿No veo por qué no señorita?”, y Bruce miró profundamente a los ojos azules de la reportera, en donde creyó ver el símbolo KKK. Bruce, se sintió salvado pensando que ya era tiempo de encontrar a alguien que lo apoyara, por lo que, dibujando en sus labios una sonrisa de play boy, añadió: “Y no sólo eso, ¡Usted podría ser hasta nuestra reina!”.

“¿De veras?” Dijo la rubia coquetamente, pero cambiando su expresión repentinamente, añadió muy seria: “Entonces, permítame presentarme señor, soy una reportera americana del canal hispano, mi nombre es Rosita Gonzáles De La Hoya Fernández, y mis padres son de ¡México!”, y con desafiante arrogancia levantó la frente e irguió sus senos.

Una explosión de risas llenó la improvisada sala de entrevista, que se mezcló con el eco de las carcajadas lanzadas por los más de mil rehenes que miraban la TV en el edificio federal, y se prolongó hasta el confín del Estado de California.

El ‘Capitán’ Bruce quedó estupefacto al escuchar semejante respuesta, como alcanzado por un rayo de un millón de voltios. Éste estaba cercano a la locura. Sentía cómo los latidos de su corazón golpeaban la puerta de su cerebro, pidiéndole matar, matar, matar como un acto reflejo de su impotencia. Instintivamente sus manos cogieron la UZI, que colgaba de su hombro a la altura de la cintura, y apuntó hacia donde estaban los periodistas…

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